Hace tres años comenzaba a trabajar en una fábrica. Conversando con mis nuevos compañeros, oyendo las historias de todos, y conociendo a unos a través de los cuentos de los demás, supe que hacía tres meses, había muerto un auxiliar de contabilidad allí mismo en la oficina. El "compadre", como todos lo llamaban, era un hombre joven, alto y gordo. Gran bromista y buen bebedor de cerveza. Amigo de sus amigos. De lengua y verbo punzante y corrosivo para con quien no actuara con justicia. Como tantas veces en cualquier empresa, un día se presentaron problemas con el cuadre de una cuenta contable al cierre del mes. El "compadre" discutía con su jefe. Todos los compañeros seguían atentamente la escena. Tanto los departamentos de contabilidad, como recursos humanos y cuentas por cobrar, se encontraban en un salón sin divisiones. Cada departamento lo constituía el grupo de escritorios de sus miembros. Nadie podía sustraerse al agrio intercambio de palabras. La discusión subía de tono y de decibeles. El “Jefe”, en un momento dado, abusando de su supremacía, al parecer, sugirió que el error podía deberse a algún tipo de… manejo inadecuado de los fondos de la empresa… Un robo, pues. El “compadre” se incorporó airado y ofendido. Seguramente pensó en estrellarle un puñetazo en la cara al infeliz que esgrimía ese infundio. La cólera encendió su rostro ahora callado. Sus ojos se clavaron como remaches en los ojos del jefe. Se sentó de nuevo. Apoyó los brazos en su escritorio y bajó la cabeza. Ante el súbito silencio, todos los espectadores voltearon a mirarle. Era muy raro que el “compadre” se quedara callado, una vez que se le soltaba la sin hueso.
II
La lividez fue ganando terreno en su rostro. El “jefe” envalentonado por la aparente rendición del Goliat, arreció en sus reclamos. Ahora con aún mas saña. Uno de sus más queridos compañeros, el “Pollino” lo llamó súbitamente alarmado. ¡Compadre!
El gigante alzó el rostro. El rojo encolerizado de las mejillas había cedido su espacio al blanco transparente de la estupefacción. Mirando fijamente al “Pollino”, sin decir palabra se desplomó de su silla cayendo definitivamente al suelo.
Ha partir de allí todo fue confusión. Incredulidad. Llantos. Estupefacción. Las lágrimas se mezclaban con gritos histéricos y ordenes de los que sabían más y de los que sabían menos, que hacer en estos casos. Que distinto era leerlo en los manuales de primeros auxilios de seguridad industrial. Pero aquel era el “compadre”. Y se iba. Con gran dificultad lograron sacarlo de la oficina, del piso y de la fábrica. Era tan grande el “compadre”…
III
Nadie perdonó nunca a J.J. (¿Jodido Jefe?). No lo decían, pero la responsabilidad por la pérdida del “compadre” pesaba como una cruz. Como una loza. Lo echaban de menos y lo recordaban a la menor ocasión. Incluso alguno de, aquellos, sus amigos, aseguraba que de vez en cuando se sentía su presencia aún en ese piso que tanto había pateado en vida. Mis primeros meses en la empresa se vieron acompañados de continuas referencias, cuentos, anécdotas, muchos chistes y viejas bromas del “compadre”.
Confieso que día a día, iba ganándome un sentimiento de simpatía y hasta de abierta camaradería con aquel gordo enorme, juguetón y bromista del que tanto me hablaban.
Un día cualquiera tuve que ir a contabilidad a resolver un problema. Me paré frente al escritorio del “pollino” y hablando de nuestras cosas de trabajo… ¡Coño! Un corrientaza de frío me traspasó todo el cuerpo. Toda la piel se me erizó. Hasta los cabellos de la nuca. Me sentí como un puerco espín. Mis ojos se humedecieron y ¿supe? en un instante, qué era aquello.
-Pollino. ¿Dónde trabajaba el compadre?
-Aquí mismo, Dr. En este escritorio que uso yo ahora.
-¡Coño’e su Madre!
-¿Qué pasó Dr? La pregunta la hacía el “Marino” otro de los participantes de la cofradía cañera del “compadre”.
-Acabo de sentir una corriente de aire helado que me atravesó todo el cuerpo…
-Ay coño, ese es el compadre.
Otro ramalazo gélido me traspasó con más intensidad aún que el anterior. Con los ojos llenos de lágrimas sonreí. El acontecimiento me había sorprendido profundamente. Pero en la intimidad de mi corazón, sentí que lo que había sentido, era como una señal de bienvenida o una aceptación manifestada por el ahora “nuestro compadre”. Y sin saber muy bien porqué, se lo agradecí infinitamente.
A partir de ese momento y durante los tres años que trabajé en esa empresa, me ocurrió algo curioso, y según si se quiere ver así, gracioso. Mi oficina tenía un baño privado que solo usaba yo regularmente. Todos los mediodías me quedaba a almorzar en el trabajo. Me llevaba algo de casa y me quedaba viendo las noticias en Noticiero Digital, Venezuela es noticia y noticias 24. Todos los demás compañeros almorzaban en el comedor que quedaba bastante retirado. Era costumbre, que al irse a comer, apagaran todas las luces de las oficinas. Eso para mi era muy conveniente pues disfrutaba de mi hora de almuerzo tranquilo. Pues es el caso, que justo durante esa hora, con muchísima frecuencia la puerta del baño se abría sola. Generalmente yo entraba a lavarme las manos antes de comer. Así como iba a lavarme la boca y cepillarme los dientes después. Estoy completamente seguro que cada vez cerraba muy bien la puerta. Y casi dos veces de cada cinco, la puerta se abría sola. Yo les contaba a los muchachos y ellos solo me decían:
-Ah no, tranquilo Dr. Ese es el “compadre”.
IV
Frecuentemente me quedaba trabajando hasta bien entrada la tarde. No muchas veces salía siendo noche cerrada, pero tampoco era demasiado extraño.
Una noche me quedé hablando con una compañera de la gerencia sobre varios asuntos importantes que teníamos que resolver. Su oficina quedaba frente al dpto. de contabilidad. Separadas por un pasillo, pero comunicadas por sendos enormes ventanales. Para decirlo más claro; desde su oficina se podía ver el dpto. de contabilidad, y desde éste, su oficina. Ya era de noche y nadie quedaba en la planta. Solo nosotros dos. Todas las luces estaban apagadas excepto las de nuestras respectivas oficinas. Su escritorio quedaba dando el frente al ventanal, por lo tanto yo, que estaba sentado frente a ella, le daba la espalda. La notaba nerviosa y tensa. Le pregunté si le pasaba algo. A lo que contestó que no. Aún así se palpaba su zozobra. En medio de la discusión de un importante asunto, arrullados por una multitudinaria coral de grillos que cantaban incansables un poco más allá de las ventanas, mientras mi espíritu se regocijaba con la relajada quietud de la noche, de pronto sus ojos se abrieron como platos… En ese mismo instante, escuché a mis espaldas un fuerte ruido en contabilidad. Era exactamente el ruido que haría una persona muy corpulenta al tropezar su muslo contra un escritorio. Era el golpe, y chirriar de un mueble metálico que se arrastra por el piso, luego de ser tropezado por alguien. Alguien por cierto muy fuerte, considerando la intensidad del sonido que llegó nítidamente a mis oídos y el peso de aquellos escritorios. Y sus ojos de vaca abiertos como platos. Al ver la expresión de su rostro no pude evitar sonreír.
-¿Tú también escuchaste el golpe?
Temblando me miró sin verme y repreguntó ¿Cuál ruido? Me levanté de la silla y miré inmediatamente por los ventanales internos hacia contabilidad. Solo sombras y medias luces alcancé a ver. Amenazas de misterios. Imaginación febril. Allí, hace solo unos meses murió una persona. Alguien que estuvo en esta misma oficina innumerables veces. Casi podía oír su voz alta y fuerte. Sus chascarrillos. Se podía sentir la presencia de un grupo de jóvenes alegres y despreocupados que un día dejaron de serlo, hermanados por la muerte. Súbita. Inesperada. Cruel. Los grillos ya no cantaban. Guardaban protocolariamente un respetuoso silencio. ¿O era que mis sentidos agudizados, sensibles y alertas no alcanzaban a escucharlos?
Sacudí las imágenes con un escalofrío.
-Fue un sonido como si alguien hubiera tropezado con un escritorio…
-No Dr. Yo no oí nada, (sus ojos se le iban a salir de las órbitas). – Yo lo que vi fue una sombra enorme y oscura que caminó desde la planta hacia contabilidad. Caminaba despacito y al pasar por la ventana, volteó hacia acá. Y se perdió detrás de la pared. Todo esto me dijo mientras giraba su vista por el escritorio buscando su cartera, que agarró con fuerza tan pronto la ubicó.
Se notaba que intentaba mantener la pose.
-Vámonos Dr. Por favor…
-Okey, tranquila. Vámonos. Procura tranquilizarte. Nada te va a hacer daño…. ¿Tú crees que haya sido…?
Se encogió de hombros tratando de comunicar que no sabía, pero sus ojos contaban su propia verdad.
-Bueno, si es él, no tienes de que preocuparte. Pero si te sientes muy mal, vámonos.
Me imagino que se estaba reventando, porque quiso ir al baño antes de salir. Momento que yo aproveché para recoger unos documentos y mi maletín. Mientras lo hacía me preguntaba porqué ella no había escuchado el choque contra el escritorio. ¿Había sido tan grande la impresión que le causó la sombra, que había bloqueado su audición? No lo se. Aún me lo pregunto. ¿Porqué la sombra no se me mostró a mi?
La esperé en el pasillo y al salir bajamos las escaleras hacia la salida. Al llegar a la planta baja yo me giré para verificar que ella estaba bien, y porqué no decirlo, para verificar si la sombra nos seguía. No vi nada extraño. Vi su mano dirigirse al interruptor de la luz guiada por el índice acusador. Pero, ¡Dios bendito! Antes de que su dedo llegara al interruptor, la luz de la escalera, y no las demás, se apagó y se encendió con un intervalo de una fracción de segundo. Ahí si no pudo más y dejó salir un grito. Les juro que yo estaba muy impresionado pero no aterrorizado, pero ¡Coño! Allí lo que estaba pasando era muy heavy. Salimos atropelladamente y una vez fuera le quité las llaves para cerrar las puertas. El ambiente era tenso. Llegamos hasta los carros, guardamos nuestras cosas, los encendimos. Yo dejé calentando un poco la camioneta y me acerqué a su carro para ver como se encontraba. Su casa quedaba bastante lejos y me preocupaba que sus nervios le causaran un accidente. Nos quedamos unos minutos más hablando de lo ocurrido y la calma se fue recuperando poco a poco. No habían pasado ni diez minutos cuando sus ojos se nublaron y los vi humedecerse. Miraba algo que se encontraba a mi espalda. Aquello ya era demasiado. Traté de hablar con la mayor serenidad posible. Sin mirar atrás le pregunté - ¿Qué pasa?
-¿Dr. Cuando nosotros bajamos, estaban prendidas las luces del depósito?
-No, para nada. El depósito quedaba directamente a mis espaldas. Me giré, ahora si con gran sobresalto. Efectivamente, la luz estaba encendida, y no solo eso. Un ventilador de piso giraba prendido, aburrido, burlón, de derecha a izquierda y luego de nuevo a la derecha. Parecía estar retándonos y riéndose de nosotros a la vez.
-¿Quieres que entremos a apagar las luces y ese ventilador? Le dije muy a mi pesar, solo por responsabilidad.
Ni de vaina, ¡Vamonós!
Cerró la puerta de su carro y salió disparada de la planta. Empezaron a temblarme las piernas, pero al mismo tiempo me moría de la risa. ¿Los nervios?
Salí mirando con cuidado hacia todas las ventanas de las oficinas. Nada. Allí no se veía nada. Llegué al portón con el carro y bajé el vidrio. Me despedí del vigilante que me miraba como mosqueado…
¿Qué pasó Dr.?
Nada viejito. Yo te cuento mañana…
Mañana… Al día siguiente, tan pronto llegué llamé al encargado del depósito.
-Coño loco, anoche dejaste las luces y el ventilador prendidos cuando te fuiste…
-No, Dr. Que va… Yo siempre reviso mi vaina antes de irme. Yo dejé todo apagado como todos los días. Es más esta mañana cuando llegué, estaba todo apagado como siempre. ¿Pero qué pasó que ******* también me preguntó?
-Luego te cuento, loco, luego te cuento…
Marqué otra extensión enseguida. Tuuu, Tuuu, atienden. -Buenos días abuelo. Saludé a la voz al otro lado de la línea.
-Buenos días.
-¿Ud. llega todos los días tempranito primero que todo el mundo verdad?
- Si Señor. A las seis y media en punto.
- ¿Y esta mañana cuando llegaste no viste prendidas las luces del almacén?
- No. Estaban apagadas como todos los días. ¿Por qué?
- … No, nada abuelo, vainas mías.
Colgué el aparato y viendo hacia contabilidad, (que también se ve desde mi oficina), solo pude exclamar:
- ¡Coñooo… ¡
Fuente Aquí
Es un blog que se centra en la recolección de hechos paranormales y/o misteriosos
miércoles, 31 de julio de 2013
miércoles, 3 de abril de 2013
Yo visité Ganímides
Un excelente libro del cual puedes aprender mucho acerca de los extraterrestres.
Para ver el libro abre el link: Yo visité Ganímides
lunes, 17 de diciembre de 2012
El Hostal de los malos espíritus
Se queda corto este texto para narrar todas las vivencias paranormales que han padecido buena parte de los huéspedes del palacio y ahora hostal del edificio de 1803 ubicado en el 6 de la calle Cañizares. Se encuentra entre Antón Martín y Tirso de Molina, a diez minutos de la Puerta del Sol. Sus propietarios actuales, una grupo de empresarios catalanes lo pusieron en venta hace unas semanas después de que haya funcionado como hostal durante casi diez años: «Hostel Cat’s».
Dice su comercializadora, Bonsai Servicios Inmobiliarios, que no les va mal ni es por deshacerse de los malos espíritus. «Quieren invertir en otro lugar». Pero lo que confirma Carlos Portal, encargado de este inmueble y socio de Bonsai, es que muchos turistas que han pasado por el «Cat’s» han sufrido experiencias fantasmagóricas durante su estancia. «Desde una mujer que se aparecía en camisón por el pasillo a una chica que sentía que alguien le tocaba, ruidos, teléfonos que sonaban solos, apariciones,... Lo más impactante que he escuchado fue de unos clientes que hicieron una foto y salía reflejado en una ventana una mujer con dos niños ahorcados. Claro, no hay constancia de esa imagen».
Demasiadas coincidencias
Carlos Portal se declara escéptico, pero la curiosidad le ha llevado a investigar los orígenes de este edificio. Antes de que se erigiera el actual hubo otro bloque, derruido tras un incendio, también que en el edificio colindante había una iglesia donde mataron a siete monjes y que el inmueble se utilizó como refugio para milicianos en la Guerra Civil Española.
Portal considera que son «muchos los que han padecido estos sucesos durante años sin que hubiera una conexión entre ellos». Y dice eso porque Carlos fue quien vendió la propiedad a los periodistas José Antonio Abellán y su esposa Mara Colás en 2001. En tres meses la dieron boleto. «Nos hacía una ilusión tremenda vivir ahí. Yo no vi nada; apenas pasaba tiempo allí, pero Mara se ponía mala cada vez que entraba. Pasaban cosas. Ella, los obreros y la gente que iba salían atemorizados», relata Abellán.
Sucesos atemorizantes
Se crea o no, los hechos que cuenta Colás ponen la piel de gallina, y eso que no llegaron a vivir allí. Todo ocurrió mientras acometían obras de reforma: «Cuando entraba se me ponía dolor de cabeza, salía cansada,algo me chupaba la energía. Amis hijas, igual». Antes había un ascensor de madera que bajaba y subía solo, una vivencia sufrida por diferentes testigos en la casa. El primer incidente extraño ocurrió con una verja de hierro que Mara cerraba todos los días y se encontraba abierta al día siguiente. Le cambió el bombín para solo ella tener las llaves y el episodio se repetía. «De lo más sorprendente fue un día que el ascensor iba subiendo a la velocidad que yo lo hacía por la escalinata. Como si me siguiera», cuenta. En otra ocasión se apagó la luz y encontraron los casquillos de las bombillas casi desenroscados. Ruidos, pasos, objetos que cambiaban de lugar,puertas que se abrían al revés, ..., un infierno psicológico.
El infierno acaba con la venta
Cuando la familia Abellán lo compró, los anteriores dueños, los Benedicto, no les querían enseñar una parte de la casa. «Siempre ponían excusas. Cuando nos hicimos con el inmueble vimos que esa zona tenía una parte acorazada. Había una capilla donde encontramos un cuchillo lleno de sangre. Desde que entré en esa casa sentí malas vibraciones, como si alguien hubiera muerto allí», detalla la periodista.
Afirma que nunca ha creído en espíritus ni ha sufrido este tipo de experiencias antes y después de Cañizares. Todo acabó cuando vendieron el palacio a un francés, que también le dio salida a los meses por el mismo motivo. Después lo adquirió «Hostel Cat’s». Ahora piden por él 6.380.000 euros. El que lo adquiera ya sabe que incluye inquilinos.
sábado, 6 de octubre de 2012
Apagon de Nueva York
Amigos míos, vamos a comentar esta noche cierto artículo
muy interesante que he visto porahí en una revista y que se titula: “Duda”
Sobre el Apagón de Nueva York; a continuacióntranscribiremos algunos aportes
del citado artículo.
“Exactamente a las cinco de la tarde con veintiocho
minutos del día 9 de Noviembre de 1965, ocurrió la falla técnica más grande e
inexplicable de la historia.”
“A esa hora y en esa fecha, doce millones de Neoyorquinos
sufrieron las consecuencias deuna total interrupción en el suministro de
energía eléctrica”.
Pero lo que ignoraban los habitantes de Nueva York era
que además de la ciudad donde vivían, había otras más sumidas en las tinieblas.
Haga funcionar las luces de emergencia, nosexponemos a un robo.”
“Pertenecientes a Territorio Norteamericano: Albany, Rochester,
Boston y Providence, estaban a oscuras; situados en Canadá: Quebec y ottawa
padecían de la misma falla técnica.”
“En una inmensa área de 207,184 kilómetros cuadrados, que
comprendía a los Estados de
Quebec,
Ontario, Vermont, parte de New Hampshire, Massachusetts, Rhode Island,
Connecticut,
Nueva York, Nueva Jersey y Pennsilvania, ningún aparato
que dependiera, de la electricidad funcionaba.”
“36 millones de personas, o sea más que la población de
Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay y
Uruguay ¡juntas! quedaron a oscuras”.
“Elevadores, semáforos, radio, televisión y rotativas
dejaron de funcionar. Hornos eléctricos, estufas eléctricas, refrigeradores,
licuadoras, tostadoras de pan, pulmones de acero e incluso fresadoras de
dentistas se volvieron inservibles. En las calles se produjeron
embotellamientos espantosos”
“La situación se agravó aún más por el hecho de que los
vehículos que se quedaron sin gasolina no pudieron en las estaciones de
servicio surtirse”.
“Las bombas eléctricas no funcionaban y los automóviles
eran abandonados. En las estaciones del metro había casi un millón de personas
imposibilitadas de usar el transporte. (Vivo a
30 millas de aquí y mi hijo está enfermo. No podemos
movernos). La ciudad está congestionada con el apagón”.
“Los aviones que iban a aterrizar o despegar tuvieron
dificultades al apagarse momentáneamente la iluminación de las pistas. ¡Es
urgente que aterricemos! ya casi no nos queda combustible!”.
“La anarquía iba en aumento. Hubo muertos por accidente,
ladrones y gente enloquecida por las tinieblas. La situación fue tan grave e
imprevista que en el palacio de cristal de las Naciones
Unidas en Nueva York, se tuvieron que suspender las
sesiones que se estaban celebrando.”
“Conforme la duración del apagón se prolongaba, las más
altas autoridades eran conscientes que se enfrentaban a una peligrosa
alteración del orden.”
“Los reportes de última hora indican que el pánico y el
desorden aumenta en las calles. ¡Es el caos! sólo cuentan con luz eléctrica
edificios como éste, que tienen planta de luz propia. ¡Pero sólo son unos
cuantos!”.
“Pero lo verdaderamente grave, es que unidos al pánico y al
caos de este momento en esta inmensa zona de 207,184 Kilómetros cuadrados...
“Los sistemas de radar no funcionan ¡están ciegos!
¡Cualquier proyectil aéreo puede cruzar nuestro cielo en este preciso momento.
¡No podríamos detectar su presencia!”
“Es más, ni
siquiera podríamos enviar uno de nuestros proyectiles teledirigidos a
interceptarlo, porque “los botones de mando con los que se les ordena despegar,
dependen de la electricidad para su funcionamiento” ¡Es inútil este inmenso
aparato, no sirve para nada!”.
“Señores, somos uno de los países más poderosos de la
tierra; gastamos cada año, miles de millones de dólares en armamento y en
fortalecer nuestros sistemas de seguridad, pero ante una situación como ésta,
somos impotentes. Una civilización tan tecnificada y poderosa como la nuestra tiene
un talón de Aquiles, una gran debilidad... “La electricidad”, se han preguntado
todos ustedes.....
“¿De que nos sirve el radar, los proyectiles
teledirigidos, el telégrafo, el teléfono y la televisión? ¡De nada!
absolutamente de nada ¡claro! ¡Tiene razón el general! ¡No podemos transmitir una
orden! no podemos recibir información.”
“Esta es la quiebra de nuestro poderío militar e
industrial, todo está paralizado”
“Señores, por favor, un poco de cordura...No es por demás
que les recuerde que el gobierno a que todos nosotros pertenecemos es
totalmente consciente de la terrible importancia de la electricidad”.
“En cada central eléctrica existen grandes cerebros
electrónicos y computadoras encargadas de vigilar cada centímetro de los
grandes cables que conducen el fluido eléctrico.
Cuando uno de los cerebros electrónicos descubre, por
ejemplo, que uno de los cables está siendo sobrecargado de electricidad y que
hay el peligro de que se funda...la línea cinco está peligrando”.
“Automáticamente esa carga es repartida entre otros
ramales del sistema. La sobrecarga se repartió entre las líneas siete y ocho”.
Así mismo, las computadoras indican cuando un gran fusible se ha quemado a qué
línea pertenece y el lugar exacto de la avería. Es el tercer cable del ramal de
Albany; La avería se localiza entre la torre 17-B y la
18-B, salimos de inmediato para allá”.
“Incluso, si en una zona se llegara a producir una avería
que no hubiera sido captada por las centrales electrónicas, esa zona se aísla
de las demás para que no cause daños en otros sistemas de conducción eléctrica.
Hemos aislado la zona sur de Montgomery y procedemos a hacer la reparación”.
“Cada revelador, cada fusible, cada switch y cada
conexión son cuidadosamente revisadas cada instante. Estoy seguro que de un
momento a otro se corregirá la falla que hubo y tendremos nuevamente
electricidad. El apagón sólo lleva una hora de duración”.
“Desgraciadamente esos optimistas cálculos no fueron
confirmados por la realidad. ¡Mi hijo, mi hijo! No lo vi en esta oscuridad,
salió corriendo del callejón”.
“El gran apagón duraría exactamente doce horas, ¡ni un
décimo de segundo más! ¡Frank, ven ya tenemos luz! Los más precisos cronógrafos
eléctricos, al recibir la descarga de la electricidad no tuvieron que ser
tocados en sus manecillas para que siguieran indicando la hora con gran
exactitud.
¡Está marcando la hora que es!”.
“Debemos exigir una investigación. De la misma misteriosa
manera que se había interrumpido la luz, comenzaba a fluir por cada cable. Un
apagón de la duración inusitada que había tenido éste y que “curiosamente”
había durado doce horas, provocó incertidumbre en un gran sector de Norteamerica!"
“Que se deslinden responsabilidades. Ciudadanos comunes y
corrientes, hombres de empresas y periodistas pidieron del gobierno de Estados
Unidos una explicación sobre lo ocurrido.
Siguen llegando telegramas, señor. Nos exigen que
aclaremos lo ocurrido”.
Hasta aquí las palabras del mencionado artículo. No hay
duda de que unos pocos hombres extraterrestres fueron capaces por sí mismos de
paralizar todo el sistema eléctrico de Nueva York y muchas otras ciudades, tal
como ya está dicho.
Veamos pues la diferencia fundamental entre el hombre y
el animal intelectual; Es obvio que todas las gentes se consideran dentro del
reino hominal o humano para ser más claros.
Diógenes con su linterna anduvo por las calles de Atenas
con una lámpara encendida buscando un hombre y no lo halló.
Pilatos presenta al Cristo diciendo: “ECCEHOMO”, he aquí
al hombre.
Cuán difícil es alcanzar el estado humano y sin embargo,
todos se creen hombres. El hombre es el verdadero Rey de la creación y puede
hacer maravillas tan grandes como las del apagón de
Nueva York. Estamos seguros de que una media docena de
hombres podría paralizar no solamente el sistema eléctrico de los Estados
Unidos, sino además, todas las actividades del mundo entero.
Media docena de hombres auténticos, legítimos y
verdaderos podrían tomarse el planeta tierra sin disparar un solo tiro y en
cuestión de minutos.
(SAMAEL AUN WEOR)
miércoles, 3 de octubre de 2012
La niña vampiro
La niña vampiro
Esta historia es mucho más reciente y resulta hasta cierto punto "chusca". Todo empezó una noche en que una aterrada mujer del rumbo de Mulchechén, al oriente de la ciudad, había acudido a la comisaría a manifestar que momentos antes se le había aparecido un fantasma en un camino solitario.
Al inquirírsele qué clase de ente espectral la había asustado tanto, la aterrada señora sólo alcanzó a balbucear que se trataba de... ¡una niña vampiro!
Ya un poco más repuesta del susto, narró que caminaba por una vereda obscura y solitaria, como a las 9 de la noche, cuando de pronto, de la nada, le salió al paso el espectro de una niña, toda vestida de blanco, con el cabello revuelto, una mirada desorbitada y enseñando unos grandes colmillos. Tratándose de armar de valor, la mujer le preguntó a la inesperada aparición que si estaba extraviada, pero la infante no contestó, sólo hizo unos ruidos guturales, y al intentar tocarla, ésta trató de morderla, por lo que despavorida, corrió sin virar a ver hacia atrás y sin detenerse, hasta la comisaría.
Era el año de 1974 y este fue el primer reporte de la llamada niña vampiro. Días posteriores empezaron a surgir nuevos "avistamientos" de ese ser de ultratumba. Todos los testimonios coincidían: la espectral figura era la de una niña de unos 12 ó 13 años, vestía un batón blanco, tenía mirada de enajenada, dientes extremadamente largos y sangrantes, y no pronunciaba palabra alguna, y cuando algún valiente osaba acercársele, intentaba morderlo y arañarlo.
Se le vio por varios rumbos de la ciudad. Hubo reportes de Tanlum (que por entonces era una hacienda), por las colonias Castilla Cámara, Melitón Salazar y Mercedes Barrera...
La fiebre de testimonios fue creciendo, como también fue creciendo la imaginación de los testigos. Tan es así que un chofer del camión de pasaje de la ruta 64 Castilla Cámara, de nombre Andrés, se atrevió a manifestar a un reportero de un periódico local que al hacer su último viaje nocturno, a la media noche, vio a una niña con la descripción antes mencionada, parada a media calle. El camionero hizo sonar el claxon, pero el espectro no se apartó del camino, por lo que muerto de miedo el camionero no detuvo su marcha y, según señaló, le pasó encima al fantasmagórico ser. Por el espejo retrovisor vio que la figura se había desvanecido, por lo que al llegar a la base de los autobuses de la Alianza de Camioneros, revisó abajo de la unidad, pensando que podría haberse trabado el cuerpo entre los hierros, pero nada. No había nada...
Por los rumbos en donde se había visto a este espanto, la gente ya no quería salir de sus casas y empezaron a abundar cuentos sobre que esta infernal niña ya había "chupado" a varias personas, por lo que en algunos domicilios se pusieron en las puertas crucifijos de madera y colgajos con ajos (que, según la leyenda, espantan a los vampiros).
Luego hubo avistamientos hasta en Progreso, donde incluso otro camionero afirmó que la niña vampiro le había pedido parada, pero asustado, siguió de largo. Después, los porteños empezaron a comentar que el espectro fue visto por las noches en calles cercanas al malecón.
El terror aumentó por esos días en el vecino puerto cuando unos niños hallaron una mano semienterrada en la arena, atrás de una casa ubicada a unas dos cuadras del parque Cházaro Pérez. Luego que circularan mil versiones sobre esa extremidad humana, se supo que un estudiante de Medicina, en son de broma, la había dejado ahí.
Esta historia es mucho más reciente y resulta hasta cierto punto "chusca". Todo empezó una noche en que una aterrada mujer del rumbo de Mulchechén, al oriente de la ciudad, había acudido a la comisaría a manifestar que momentos antes se le había aparecido un fantasma en un camino solitario.
Al inquirírsele qué clase de ente espectral la había asustado tanto, la aterrada señora sólo alcanzó a balbucear que se trataba de... ¡una niña vampiro!
Ya un poco más repuesta del susto, narró que caminaba por una vereda obscura y solitaria, como a las 9 de la noche, cuando de pronto, de la nada, le salió al paso el espectro de una niña, toda vestida de blanco, con el cabello revuelto, una mirada desorbitada y enseñando unos grandes colmillos. Tratándose de armar de valor, la mujer le preguntó a la inesperada aparición que si estaba extraviada, pero la infante no contestó, sólo hizo unos ruidos guturales, y al intentar tocarla, ésta trató de morderla, por lo que despavorida, corrió sin virar a ver hacia atrás y sin detenerse, hasta la comisaría.
Era el año de 1974 y este fue el primer reporte de la llamada niña vampiro. Días posteriores empezaron a surgir nuevos "avistamientos" de ese ser de ultratumba. Todos los testimonios coincidían: la espectral figura era la de una niña de unos 12 ó 13 años, vestía un batón blanco, tenía mirada de enajenada, dientes extremadamente largos y sangrantes, y no pronunciaba palabra alguna, y cuando algún valiente osaba acercársele, intentaba morderlo y arañarlo.
Se le vio por varios rumbos de la ciudad. Hubo reportes de Tanlum (que por entonces era una hacienda), por las colonias Castilla Cámara, Melitón Salazar y Mercedes Barrera...
La fiebre de testimonios fue creciendo, como también fue creciendo la imaginación de los testigos. Tan es así que un chofer del camión de pasaje de la ruta 64 Castilla Cámara, de nombre Andrés, se atrevió a manifestar a un reportero de un periódico local que al hacer su último viaje nocturno, a la media noche, vio a una niña con la descripción antes mencionada, parada a media calle. El camionero hizo sonar el claxon, pero el espectro no se apartó del camino, por lo que muerto de miedo el camionero no detuvo su marcha y, según señaló, le pasó encima al fantasmagórico ser. Por el espejo retrovisor vio que la figura se había desvanecido, por lo que al llegar a la base de los autobuses de la Alianza de Camioneros, revisó abajo de la unidad, pensando que podría haberse trabado el cuerpo entre los hierros, pero nada. No había nada...
Por los rumbos en donde se había visto a este espanto, la gente ya no quería salir de sus casas y empezaron a abundar cuentos sobre que esta infernal niña ya había "chupado" a varias personas, por lo que en algunos domicilios se pusieron en las puertas crucifijos de madera y colgajos con ajos (que, según la leyenda, espantan a los vampiros).
Luego hubo avistamientos hasta en Progreso, donde incluso otro camionero afirmó que la niña vampiro le había pedido parada, pero asustado, siguió de largo. Después, los porteños empezaron a comentar que el espectro fue visto por las noches en calles cercanas al malecón.
El terror aumentó por esos días en el vecino puerto cuando unos niños hallaron una mano semienterrada en la arena, atrás de una casa ubicada a unas dos cuadras del parque Cházaro Pérez. Luego que circularan mil versiones sobre esa extremidad humana, se supo que un estudiante de Medicina, en son de broma, la había dejado ahí.
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